Vuelta a clases y tecnología: Cómo acompañar el uso de pantallas para fortalecer el aprendizaje y las habilidades socioemocionales
El regreso a clases reabre el debate sobre el rol de la tecnología en la educación, especialmente luego de que en marzo comenzó a regir en Chile la restricción del uso de celulares en establecimientos educacionales.
Valentina Alvear Obregón, Gestora de Innovación y Tecnología Educativa de Caligrafix y docente universitaria en tecnología educativa, explica cómo el uso equilibrado de pantallas, acompañado por adultos y con contenidos adecuados, puede transformarse en una herramienta positiva para el aprendizaje infantil.
Las pantallas son hoy parte de la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes. Celulares, tabletas, televisores y computadores forman parte del entorno familiar y educativo, lo que plantea un desafío creciente para madres, padres, docentes y colegios: cómo integrar la tecnología sin que desplace otras experiencias clave para el desarrollo infantil.
Aún cuando a partir de marzo de 2026 comenzó a regir la ley 21.801 que prohíbe el uso de celulares en los colegios, para Valentina Alvear Obregón, Gestora de Innovación y Tecnología Educativa de Caligrafix y docente universitaria en tecnología educativa, enfatiza que el foco no debería estar únicamente en restringir el uso de dispositivos, sino en acompañar a los estudiantes para que desarrollen una relación más consciente y equilibrada con la tecnología. Así como también comprender que la presencia de pantallas ya es parte de la realidad educativa actual.
“Hoy las pantallas están en todas partes: en el celular, en la televisión, en las tabletas e incluso en algunos materiales educativos. Pretender que niñas y niños crezcan completamente lejos de ellas no es realista. La pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿qué papel queremos que tengan en su aprendizaje y en su vida cotidiana?”, reflexiona la educadora.
“El punto central no es sólo cuánto tiempo pasan frente a una pantalla. Lo que realmente marca la diferencia es qué están viendo y quién está acompañando esa experiencia. Un niño solo frente a un dispositivo vive una experiencia muy distinta a la de un niño que conversa con un adulto, que recibe preguntas, que comenta lo que observa”, agrega.
Ahí está la clave. Cuando madres, padres o docentes participan, aunque sea por unos minutos, la experiencia cambia por completo y se vuelve significativa.
Recomendaciones para enfrentar esto en familia
La experta indica que una forma propositiva para abordar el tema de las pantallas con las niñas y niños es “primero, ordenar los tiempos. La tecnología no puede ocupar todo el espacio del día. El juego libre, la lectura, salir a correr, conversar o simplemente aburrirse un rato también son parte del desarrollo infantil”.
“Segundo, elegir contenidos que realmente aporten algo. La idea es preguntarse, qué es lo que quiero reforzar o que aprenda. No todo lo digital educa. Hay experiencias que estimulan la curiosidad, el lenguaje o el pensamiento; otras solo mantienen a los niños mirando una pantalla”, agrega.
Y tercero, acompañar. La docente es enfática: “ningún dispositivo reemplaza la mirada, la conversación o el vínculo con un adulto. La educación, al final del día, sigue siendo profundamente humana”.
Tecnología que complementa el aprendizaje
El uso de herramientas digitales en educación también ha evolucionado en los últimos años. Hoy existen recursos interactivos que buscan combinar lo físico y lo digital para enriquecer el proceso educativo.
“Hoy existen recursos digitales como la realidad aumentada de PleIQ. Bajo esa mirada, la tecnología puede ser una gran aliada cuando tiene un propósito claro dentro del aprendizaje. El problema aparece cuando se transforma en el centro de todo”, indica la docente.
“En educación infantil sabemos algo con bastante claridad: los niños aprenden tocando, moviéndose, conversando y explorando el mundo. No aprenden solo mirando una pantalla. Por eso, algunas propuestas tecnológicas buscan conectar lo físico con lo digital. La realidad aumentada es un buen ejemplo. Un niño puede estar trabajando con un cuaderno, dibujando o resolviendo una actividad, y de pronto aparece una experiencia interactiva que da vida a ese contenido”, comenta la experta.
Para muchos estudiantes eso genera sorpresa, curiosidad y ganas de seguir aprendiendo. La profesional hace hincapié en que “ahora bien, la tecnología no debería reemplazar la experiencia del aula. El momento en que un niño comparte con sus compañeros, pregunta algo a su profesor o se ríe con un descubrimiento sigue siendo irreemplazable”.
“Cuando lo digital convive con materiales concretos, con trabajo colaborativo y con diálogo, aparecen experiencias educativas mucho más ricas, porque se transforma en una diversificación de los aprendizajes a través de distintos recursos, tanto materiales como digitales”, sostiene.
Beneficios y señales de alerta
Cuando se utilizan con un propósito pedagógico claro, las herramientas digitales también pueden aportar al desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales.
“Cuando los recursos digitales están bien diseñados y responden a un propósito pedagógico claro, pueden aportar mucho al desarrollo infantil. Muchas plataformas educativas permiten que los estudiantes avancen a su propio ritmo. Para algunos niños esto es especialmente valioso, porque les permite intentar varias veces, equivocarse y volver a probar sin la presión que a veces sienten en otros contextos de aprendizaje. Ese tipo de experiencias fortalece la autonomía y también ayuda a desarrollar la autorregulación”, recalca Valentina.
Otro elemento interesante es la gamificación. “Cuando los recursos digitales incorporan dinámicas de juego —desafíos, niveles, recompensas o misiones— el aprendizaje se vuelve más atractivo para los niños. La sensación de estar jugando despierta curiosidad y motivación. En muchos casos, el estudiante sigue intentando resolver una actividad porque quiere superar el desafío, casi sin notar que en realidad está practicando una habilidad académica”, aporta la profesional.
“Esto es especialmente relevante en edades tempranas, donde el juego sigue siendo una de las formas más naturales de aprender. Cuando el aprendizaje se presenta como una experiencia lúdica, muchos niños perseveran más tiempo, se frustran menos frente a los errores y mantienen el interés por seguir explorando”, señala la profesional. Ahora bien, como ocurre con cualquier herramienta, según explica la docente, el equilibrio sigue siendo fundamental. Cuando las pantallas ocupan demasiado espacio en la vida cotidiana, comienzan a aparecer algunas señales que familias y colegios deberían observar con atención.
Entre las más frecuentes se encuentran:
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Irritabilidad o frustración intensa cuando se retira el dispositivo.
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Dificultades para concentrarse en actividades que no implican pantallas.
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Pérdida de interés por el juego físico o por interactuar con otros niños.
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Cambios en los hábitos de sueño o dificultad para desconectarse al final del día.
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Uso de dispositivos como única forma de entretención o regulación emocional.
Cuando estas señales aparecen, no significa necesariamente que exista un problema grave, pero sí puede ser una invitación a revisar hábitos: cuánto tiempo se dedica a las pantallas, qué contenidos se están consumiendo y qué otros espacios existen para el juego, la conversación y la interacción social.
Celulares en el aula: ordenar el uso de la tecnología
El debate sobre el uso de celulares en el colegio también se ha instalado en Chile, con distintas iniciativas que buscan limitar su uso durante las clases.
“Más que una prohibición, lo que se está buscando es ordenar el uso de los dispositivos personales durante el tiempo de clase. En una sala donde cada estudiante tiene acceso constante a notificaciones, redes sociales o mensajes, sostener la atención y la conversación pedagógica se vuelve mucho más difícil”, señala la experta.
“En ese sentido, establecer límites durante las actividades en aula puede ayudar a recuperar algo esencial para aprender: la concentración, la interacción entre estudiantes y el vínculo con el docente”, agrega.
Al mismo tiempo, es importante no confundir regulación con rechazo a la tecnología. Los recursos digitales siguen teniendo un lugar en la educación cuando responden a un propósito pedagógico claro. “El desafío está en enseñar a los estudiantes que no todos los espacios ni todos los momentos son iguales, y que la tecnología también requiere criterios de uso”, enfatiza.
“Si esta medida se implementa con acuerdos claros entre colegios y familias, puede convertirse en una oportunidad para avanzar hacia algo más importante: formar estudiantes que sepan convivir con la tecnología de manera consciente, equilibrada y responsable”, concluye.