Columnas

El humor que incomoda

Por:
José Miguel Infante, Director Periodismo U. Central
Esperanza Villalobos, Periodista U. Central.

El humor que incomoda

En Chile nos hace falta reírnos más de nosotros mismos, aunque incomode. El humor en el periodismo ha sido siempre una herramienta valiosa, pero se echan de menos más plumas sagaces y agudas que permitan examinar las grietas en los discursos oficiales, revelar contradicciones y estimular el pensamiento crítico. La sátira, la caricatura y la ironía han acompañado a la prensa desde sus orígenes, ofreciendo un espacio jocoso de reflexión frente al poder. Esto no es nuevo, porque basta recordar al satírico Aristófanes, quien en la Atenas de Sócrates, se burló de políticos, filósofos y gobernantes y nos legó obras literarias de la antigua comedia griega.

La historia del humor periodístico, en nuestro país, está registrada en las páginas de diarios y revistas que, desde el siglo XIX hasta la era digital, han retratado con ingenio los ciclos políticos y sociales. La Biblioteca Nacional, especialmente en su secciones de periódicos y revistas, cumple un rol fundamental de conservación y protección de esas publicaciones como patrimonio documental, asegurando que las caricaturas, columnas satíricas y viñetas humorísticas permanezcan intactas. Gracias a esa labor, podemos recorrer las huellas de la prensa satírica, las revistas humorísticas del siglo XX, las caricaturas políticas y las transformaciones digitales más recientes. En esas páginas se mantiene viva una memoria crítica que nos recuerda que el humor también puede ser reflexión y una forma de conocimiento social.

En estos tiempos, cuando la polarización y la desinformación amenazan el debate público, recuperar ese legado es más necesario que nunca. El humor periodístico, preservado como patrimonio y resignificado además, como estrategia pedagógica para acercar a las nuevas generaciones a la actualidad nacional e internacional, nos invita a pensar en una sociedad con más agudeza y menos solemnidad. Porque, al fin y al cabo, la risa no solo libera, sino también tiene la capacidad de enseñar, cuestionar y construir ciudadanía.

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