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El mercado asiático: un camino para despertar el fútbol chileno

Francisco Saavedra
Periodista

El mercado asiático: un camino para despertar el fútbol chileno
Francisco Saavedra 5 junio, 2024

Los fichajes del campeonato nacional siempre llegan de los mismos lugares: argentinos que generalmente no están brillando en su patria, algunos paraguayos, uno que otro uruguayo y ocasionalmente algún venezolano o colombiano. Rara vez optamos por jugadores de otras latitudes para potenciar nuestro fútbol, aprovechando mercados mucho más baratos y que están alcanzando un nivel futbolístico cada vez mayor, que podrían ser la respuesta para conseguir que los clubes chilenos reduzcan distancias con las ligas de Argentina y Brasil.

Fútbol chileno: presupuestos mínimos en el continente

Uno de los grandes obstáculos para que los clubes chilenos puedan competir de igual a igual a nivel continental es la gigantesca diferencia presupuestaria de los equipos locales con respecto a Argentina y Brasil.

Para graficar esto de manera clara, Colo Colo es el equipo más caro del fútbol chileno, alcanzando una tasación de 27,25 millones de euros en Transfermarkt, muy lejos de los 219 millones de euros a los que equivale la plantilla del Palmeiras de Brasil, o los 109,95 correspondientes a Fluminense, campeón de la Copa Libertadores 2023 con quien el Cacique compartió grupo en la competencia continental en 2024.

Por lo mismo, si muchos piensan que equipos como Colo Colo, Universidad de Chile o Católica poseen una mayor responsabilidad que el resto de cuadros nacionales, pero obtienen resultados similares a otras escuadras como Palestino o Huachipato, y que, en ocasiones, equipos con menor presupuesto obtienen mejores campañas internacionales, lo cierto es que en el mercado internacional las diferencias presupuestarias entre los clubes chilenos es mínima.

Tomando el caso de los elencos clasificados a la Copa Libertadores 2024, según las tasaciones de Transfermarkt, Palestino vale 10,55 millones de euros, Cobresal 8,95, Huachipato 13,78 y Colo Colo los ya mencionados 27,25. Si lo vemos en el plano local, claro, el cuadro albo duplica el presupuesto de los demás clasificados, pero la realidad es que solo son 10 millones de diferencia, que resultan minúsculos cuando en el plano internacional enfrentan a equipos que superan los 100 o 200 millones. Es decir, desde la mirada presupuestaria de los verdaderos contendientes, todos los equipos chilenos valen más o menos lo mismo, y,  en consecuencia, también obtienen más o menos los mismos resultados.

Entonces ¿Qué hacemos? ¿Sentarnos a asumir que nunca podremos competir a raíz de estas gigantescas diferencias presupuestarias? ¿Conformarnos con algunas muy ocasionales clasificaciones a octavos de final porque no podemos traer a las estrellas que fichan argentinos y brasileños?

Hasta cierto punto, parece que fuera así, pues llevamos largas décadas repitiendo el mismo modelo fichajes, y aunque parezca inconcebible apostar por un sistema de contrataciones distinto al que hemos desarrollado hasta ahora, me tomo de las palabras de Albert Einstein, una de las mentes más brillantes de la historia: “locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, sobre todo cuando existe un mercado que podría permitirnos recortar distancias pese a la gran diferencia presupuestaria con Brasil y Argentina.

Futbolistas asiáticos: la mejor relación entre precio y calidad

El fútbol se ha globalizado de manera notable en el ocaso del siglo XX y los albores del nuevo milenio, expandiéndose mucho más allá de Sudamérica y Europa, permitiendo la progresiva consagración de elencos respetables en otros continentes, como es el caso de diversos países en Asia y África, que han mostrado una gigantesca alza en la producción de futbolistas, pero que todavía no poseen mercados plenamente consagrados en materia de exportación más allá de algunas estrellas puntuales.

Por nombrar un caso concreto, es verdad que Flamengo podría comprar a todo el plantel de Colo Colo con lo que gasta en uno o dos jugadores. Sin embargo, Jordania, subcampeón de la Copa Asiática 2023, donde también compitieron selecciones ya consagradas como Corea del Sur y Japón, quienes superaron los dos grupos de la muerte del Mundial de Qatar 2022, dejando fuera a Uruguay y Alemania, respectivamente, vale solamente 16,53 millones de euros. Es decir, toda la selección del segundo mejor equipo del continente más grande del mundo, vale un poco más de la mitad del plantel albo.

Viendo estos logros, queda claro que los jugadores jordanos son, definitivamente, buenos futbolistas. Quizás su nivel no sea suficientemente alto para figurar dentro de los clubes europeos más relevantes del planeta, y apenas podríamos resaltar la presencia de Mousa Tamari, extremo de 26 años que milita en el Montpellier de Francia, cuyo pase equivale a 7 millones de euros, pero definitivamente son jugadores que ofrecen una relación precio – calidad mucho más alta de la que podemos encontrar en el mercado argentino, por el que generalmente apuestan los clubes chilenos.

De hecho, futbolistas históricos y poco conocidos como Sunil Chhetri de India, tercer máximo anotador en la historia a nivel de selecciones, autor de 94 goles en 150 partidos defendiendo a su bandera, jamás superó una tasación de 400 mil dólares en toda su carrera, según los datos de Transfermarkt, es decir, para graficarlo con una comparación concreta, que en su mejor momento era cotizado en la mitad de lo que valía el colombiano Fabián Castillo antes de llegar a Colo Colo en 2023 con 30 años, un fichaje internacional que nunca dejó satisfechos a los hinchas albos y que representa solo uno de incontables ejemplos.

Atreverse a ser diferente

Si bien un mercado exótico puede generar incertidumbre, también resulta relevante ser capaz de dar pasos al frente en lugar de seguir aferrados a modelos del pasado. Es cierto que apostar por jugadores de otros continentes trae consigo desafíos como la barrera idiomática ¿Pero cuándo ha sido ese un obstáculo para que los clubes europeos reúnan a futbolistas de toda clase de nacionalidades? Y estamos hablando, sin duda, de instituciones que gozan de un rendimiento competitivo a años luz del resto del mundo.

La adaptación a la cultura, al idioma y a las características de la liga seguramente serán elementos desafiantes, pero no imposibles de abordar si se tiene el hambre de hacer algo diferente, de ser los distintos dentro de un continente que se ha adaptado a un mercado cada vez más obsoleto, que está trabando el desarrollo del balompié fuera de las tradicionales potencias sudamericanas, transformando la Copa Libertadores en un torneo cada vez menos competitivo para clubes fuera de Brasil y Argentina.

Sin embargo, los elencos que se han atrevido a apostar por proyectos distintos, explotando a través de sus canteras y un gran trabajo de scouting, como Independiente del Valle, han podido ser la excepción a la regla en los últimos años. Se atrevieron a ser distintos y rompieron la historia.

Por eso, más allá de los desafíos, es momento de contemplar las oportunidades, comprender que si no estamos obteniendo los resultados deseados, es la instancia de marcar un quiebre, apostar por algo diferente que nos permita modificar el mercado, el modelo, y ser capaces de encontrar la manera de competir de la única forma que se puede cuando existen enormes diferencias presupuestarias: profesionalismo, cantera, corazón y descubriendo diamantes en bruto donde los demás no están mirando.

En nuestro caso, los futbolistas asiáticos están al alcance del bolsillo chileno y pueden ser una esperanza para atreverse a hacer algo diferente y cambiar la dirección que está tomando el fútbol nacional en el campo internacional.

Después de todo, la gran oportunidad que viene de la mano de una crisis es que en una apuesta tenemos todo que ganar y nada de perder, siempre y cuando avancemos con la mentalidad reflejada en las palabras que tanto se han atribuido al histórico Carlos Dittborn, quien fue capaz de traer a Chile el Mundial de 1962, pese a la gran escasez monetaria de nuestro país en esos años, que además se encontraba muy lejos de ser una selección relevante en el planeta, pero que se atrevió a soñar en grande y apostar por lo que el mundo le dijo que era una locura: “porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”.

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