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El Storytelling detrás del gobierno de Kast

Por: Alvaro Medina Jara, Director de la carrera de Publicidad

El Storytelling detrás del gobierno de Kast
Álvaro Medina 19 marzo, 2026

Dentro de la narrativa comunicacional del gobierno de José Antonio Kast se ha logrado constatar la presencia de un storytelling, es decir, de la construcción de relatos a través de los cuales se comunican ideas y valores que fundamentan sus propuestas, a través del cual se conecta emocionalmente con los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra.

Los relatos normalmente cuentan con personajes, con grados de conflicto que se resuelven y, sobre todo, con emociones asociadas que se busca provocar.

Desde el punto de vista político, el relato más epidérmico es el de una crisis de seguridad (apelación al miedo), personificada en el crimen organizado y, detrás de él, en los inmigrantes. Otro relato, un poco más de fondo es el del desorden y la corrupción (apelación a la indignación y la rabia), personificada en las ex autoridades del gobierno de Gabriel Boric.

Ambos se basan en antagonistas o enemigos y ambos dan origen a la historia de la solución que viene, la del gobierno de emergencia, que ordena sus prioridades y explica las decisiones en función de los ejes argumentativos a partir de los cuales se tomarán las decisiones: rapidez en los decretos, recorte de gastos, prioridades legislativas.

Sin embargo, detrás de esas historias y relatos hay otro subyacente que comienza ahora a sacar la cabeza del agua con más claridad, pese a que comenzó a emerger durante el debate de la primera propuesta constitucional, y a consolidarse después de la conmemoración de los 50 años del golpe militar: la reivindicación de la asonada que terminó con el gobierno de Allende y del régimen posterior encabezado por Augusto Pinochet.

Y es que desde el estallido social hasta los primeros dos años del gobierno de Boric, el bombardeo del relato de la izquierda hacia la dictadura y sus pilares ideológicos fue tan intenso y criminalizante, que la derecha se vio obligada a refugiarse discursivamente y revalidar su relato primigenio basado en un régimen militar que “salvó” a Chile del comunismo.

Fue, por una parte, una reacción natural de una derecha civil (y también militar) que en los años 90 había llegado a consensuar un relato de contrición ante la constatación de las violaciones a los derechos humanos, pero que ahora sentía que ya se había pedido suficiente perdón y no podría seguir manteniendo un rol histórico criminal.

Esta revaloración de la dictadura vino de la mano con una degradación mundial del ideal liberal-democrático y una revitalización de lo autoritario, apoyada por el fracaso de los proyectos refundacionales de las izquierdas tradicionales y las identitarias.

No es de extrañar, entonces, que haya ex uniformados ya en cargos parlamentarios y de gobierno, y que las primera medidas y propuestas que nacieron desde el nuevo oficialismo fueran las relacionadas con indultos a Carabineros o el “rescate” de quienes cumplen condena por violaciones a los derechos humanos en Punta Peuco. En redes sociales, pululan memes de un Pinochet sonriente y bonachón y los mensajes de justificación del golpe y de las violaciones a los derechos humanos se convierten en parte del relato cada vez más cotidiano.

Se puede prever, así, que los valores de ese relato (lo nacional, lo militar, lo tradicional, lo religioso, la familia, el orgullo de la economía y de la capacidad de consumo) serán los elementos centrales de las políticas públicas que emanarán de ese relato.

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