Universidad de Chile: absoluto romanticismo y nulo proyecto

Universidad de Chile: absoluto romanticismo y nulo proyecto

Los azules históricamente se han caracterizado por ser un club basado en la emocionalidad, y la frase “más que una pasión, un sentimiento”, se ha vuelto un lema para una institución que, según varias voces del medio futbolístico en distintos estatutos (hinchas, jugadores, periodistas, dirigentes…), “la sostiene su gente”. Sin embargo, esta bandera de lucha que puede ser considerada una de las mayores virtudes de la U, es también un reflejo de un duro problema que se arrastra hace décadas.

Algunos de los factores determinantes que suelen ser destacados por el mundo azul cuando la Universidad de Chile consigue un logro, desde ascender hasta ganar una Copa Sudamericana, pasando por triunfos épicos en finales de torneo, entre otras cosas, son el “aguante de la hinchada” y la llamada “mística”, un elemento emocional característico del club, que la mayoría de los hinchas aplica excesivamente, sobreestimando esta cualidad subjetiva, sentimental, como si automáticamente asegurara un resultado, llevando a subestimar inconscientemente a rivales de menor jerarquía histórica.

Ambos elementos son características emocionales, parte de la identidad de la institución, y si bien es positivo contar con esta clase de actitudes, es dañino basarse excesivamente en ellas, sobretodo en un club que carece de una línea, un proyecto.

La U históricamente ha sido un equipo irregular, que puede pasar de ser campeón a noveno. Cualidad que en los últimos años, y en gran medida por la influencia de los campeonatos cortos, se ha acrecentado bastante.

Estos resultados llevan a constantes cambios de DT en el equipo, algunos muy diferentes entre sí, dejando claro un elemento histórico del club: tienen un sello emocional, pero no futbolístico.

“¿A qué juega la U?” esa frase que se reitera a menudo cada vez que los azules enfrentan una etapa difícil refleja bastante de su historia, ya que es difícil decir cuál es la identidad futbolística del equipo, como no sucede con otras instituciones tremendamente exitosas, como Barcelona con su juego de posición que se mantiene desde Cruyff, los uruguayos con su fútbol defensivo, de mucho corte, o incluso Colo-Colo, que se le suele asociar con un equipo que trata muy bien el balón, más técnico.

Al hablar del Romántico Viajero, no se puede explicar cómo juega, el “esto es la U” se exclama cuando demuestran una característica actitudinal, no ante su manera de plasmar el fútbol en cancha. El comentario se realiza al remontar un duelo con sudor y lágrimas, no cuando los azules rotan el esférico, o marcan por arriba, por nombrar ejemplos característicos que se asocia con algunas selecciones o clubes.

El carecer de esta línea deportiva lleva a que la U varíe mucho en las características del DT que contrata y la conformación del plantel, dos hechos que llevan a la irregularidad, ya que lógicamente los futbolistas que necesita un técnico ofensivo, que busca un juego estilo Barcelona, son muy diferentes a los que requiere un DT que busca replegarse, regalar la posesión y salir de contra.

Los matices pueden variar, está claro, no puedes jugar exactamente igual siempre, pero al menos trazar una pequeña línea, un “este soy yo, así juego yo”, que tu estilo pueda reconocerse, y que al variar de proceso en proceso, los cambios no alteren la esencia.

La U ya tiene el sello emocional que necesita, pero sin esta línea futbolística que le resulta casi imposible formular un proyecto deportivo estable, por los constantes cambios de técnicos y jugadores, y la inmensa diferencia entre unos y otros. Es necesario trazar esa línea para que los azules logren la regularidad, esa estabilidad que tanta falta les hace desde hace décadas.

Universidad de Chile consiguió algo elemental para la formación de la identidad en un club, necesario para llegar a ser un equipo grande y reconocible, pero este romanticismo que ha ayudado tanto a la institución también debe ir acompañado de un proyecto deportivo, la línea que permita al club no desviarse de lo futbolístico, tal como evita perder el rumbo en lo emocional.

 

Francisco Saavedra

Estudiante de Periodismo Universidad Central

 

 

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