Veto, obstáculo para la paz
Por: Pablo Cabezas
Economista y académico de la U.Central
Tras el fin de la segunda guerra mundial y con el objetivo de prevenir el surgimiento de conflictos bélicos de escala planetaria, nace la Organización de las Naciones Unidas. En ese momento, los países vencedores de la guerra instalaron la idea de que su participación en la ONU dependía de asegurar que ésta no tomara decisiones que fueran contra sus intereses; así nace el poder de veto de cada uno de los miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU (EEUU, Francia, Reino Unido, China y Rusia).
Al momento de la fundación de la ONU, el liderazgo de los países miembros compartiría un umbral mínimo de racionalidad, prudencia, compromiso con la paz y la defensa de los derechos humanos, algo evidente recién terminados los horrores de la guerra. En ese contexto, la existencia de un veto funcionaba como forma de asegurar la participación de las grandes potencias mundiales en la ONU y por lo tanto brindaba estabilidad al mundo.
El día de hoy, lejos de ser una fuente de estabilidad, este veto se ha convertido en una herramienta que permite a liderazgos disfuncionales bloquear soluciones colectivas y perpetuar conflictos que afectan a millones de personas. Cuando un actor con poder de veto puede paralizar la acción internacional, el sistema ONU deja de ser un espacio de resolución y se transforma en un refugio para la irresponsabilidad estratégica. No solo se bloquean sanciones o intervenciones: se bloquea la posibilidad misma de que la comunidad internacional actúe de manera coherente frente a amenazas evidentes a la paz, a los derechos humanos y al bienestar de poblaciones enteras. La consecuencia es un orden internacional que depende en exceso de la calidad moral y política de quienes detentan poder (que por lo demás es temporal).
La lección es clara: las organizaciones multilaterales no pueden seguir descansando en la buena voluntad de liderazgos excepcionales, deben revisar el veto, alinear incentivos hacia la cooperación temprana y definir mandatos concretos, medibles y centrados en la protección humana básica: reducción de la pobreza, bienestar infantil, acceso a salud, educación y nutrición como pilares de la seguridad global.
Un orden internacional diseñado para resistir liderazgos explosivos es una necesidad. La prevención de la guerra se juega en la capacidad institucional mundial de obligar a actuar con sabiduría antes de que sea demasiado tarde.