La lógica de hiperdisponibilidad
Por: Nicolás Gómez Núñez
Sociólogo y académico U. Central
Las experiencias de las mujeres emprendedoras están atravesadas por una estructura de género que naturaliza su vínculo con la economía del cuidado, se destaca que las mujeres emprenden desde la cocina, los cuidados y la crianza, lo que muestra un patrón o modelo de acción que se caracteriza por la doble o triple carga que condiciona su tiempo, energía y posibilidades de crecimiento. Esta imbricación entre lo reproductivo y lo productivo refuerza desigualdades.
Desde aquí es factible pensar que hay una identidad laboral que el individuo articula, gestiona o produce sobre la hiperdisponibilidad, su traducción es que debe estar disponible para ejecutar los mensajes que llegan a través de las redes sociales que, al mismo tiempo, desdibujan las fronteras de los mundos de vida.
Así, la dimensión de género se vincula con el uso de tecnologías, donde se muestra la carga desigual, por ejemplo, cuando se informa que la conectividad exige disponibilidad total, que para las mujeres significa más horas conectadas y menos descanso, lo que perpetúa la fragmentación de sus tiempos. Aunque algunas mujeres, especialmente las microempresarias, reconocen beneficios simbólicos en la visibilización digital, la lógica de hiperdisponibilidad intensifica el peso de la reproducción social en sus cuerpos.
En este escenario de hiperdisponibilidad, las redes sociales se presentan nominalmente como un recurso gratuito, siempre a la mano y aparentemente sin impacto. Sin embargo, esa disponibilidad constante desdibuja las fronteras de lo que es personal, imponiendo una exigencia de respuesta inmediata. Lo que parece accesible y útil termina configurando una identidad laboral marcada por la sobreexposición. Así, la promesa de conexión ilimitada es también una forma de captura del tiempo vital, cronológico y social.