Fernando Flores
Por: José Romero Yanjarí
Coach Organizacional y académico U.Central
En mi ejercicio profesional como coach organizacional y docente universitario, me ha permitido descubrir la relevancia que tiene el nombre de Fernando Flores en círculos académicos y profesionales. Como suele ocurrir en nuestro país, esa influencia no es reconocida con el mismo entusiasmo. Las razones son múltiples, pero una clave parece estar en la imposibilidad de diferenciar con claridad al personaje político —complejo, desafiante y polémico— del legado intelectual que ha dejado a nivel mundial.
En 1986, Fernando Flores publicó junto al científico computacional Terry Winograd el influyente libro Understanding Computers and Cognition: A New Foundation for Design, en el que ambos cuestionaron los supuestos dominantes de la inteligencia artificial de la época, que trataban el conocimiento humano como manipulación simbólica.
El giro fundamental que ofrecen en esta obra es lo que hoy se conoce como la perspectiva de lenguaje-acción, base de una importante corriente dentro del diseño organizacional y del coaching. Según esta visión, los seres humanos coordinan su vida social a través de conversaciones que no sólo intercambian información, sino que generan acciones, compromisos y nuevas realidades sociales. Esta perspectiva es fundamental para comprender su propuesta posterior sobre la coordinación de acciones en las organizaciones.
Flores desarrolló a partir de su visión filosófica una serie de prácticas aplicadas al mundo organizacional, particularmente en el campo del coaching ejecutivo, el management conversacional y el diseño organizacional basado en compromisos. Uno de sus principales aportes fue la estructuración de un modelo que distingue actos lingüísticos como pedidos, ofertas, promesas, declaraciones y afirmaciones. En ese marco, la efectividad organizacional se mide por la calidad de las conversaciones y compromisos que permiten la coordinación fluida de acciones entre personas.
Esta comprensión del lenguaje como acción generativa no solo reformuló la manera en que entendemos la comunicación en contextos de liderazgo, sino que se convirtió en base para múltiples escuelas de coaching en todo el mundo. ¿Cómo coordinar la acción humana en sistemas complejos sin caer en la burocracia ni en la manipulación? A esa pregunta, Fernando Flores le dio forma, método y lenguaje. Su rastro es inconfundible, incluso si su nombre no se menciona o no se cita.
Reconocer la influencia de Flores no significa rendirle pleitesía. Implica entender que su propuesta responde a desafíos prácticos: cómo construir confianza, cómo declarar quiebres en una relación organizacional, cómo volver a comprometerse tras un fracaso, cómo sostener conversaciones difíciles sin que se derrumbe el vínculo. En tiempos de polarización y desconfianza, su legado se vuelve especialmente relevante.
Tal vez ha llegado el momento de que, como país, podamos distanciar la política de los aportes intelectuales. Flores no es propiedad de ninguna corriente política; es parte de un patrimonio intelectual global que nos interpela a todos quienes trabajamos con personas, organizaciones y cambio.