Legado de Habermas
Por: Sebastián Kaufmann Salinas
Académico Facultad de Derecho y Humanidades, U. Central
El sábado recién pasado murió el filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años, figura mayor de la Escuela de Frankfurt y quizá el último de los grandes filósofos vivos. Recordar el significado de su obra en los tiempos que vivimos resulta particularmente pertinente.
En la tradición intelectual de Immanuel Kant, sostuvo que desde la razón es posible encontrar fundamentos para una ética universal. Sin embargo, a diferencia de Kant, afirmó que esa ética no se descubre en un ejercicio solitario de la razón, sino en la comunicación. Para Habermas, el propio acto de comunicarnos presupone ciertas condiciones éticas —como la igualdad entre los interlocutores, la ausencia de coacción y la disposición a justificar nuestras afirmaciones— que pueden servir de base para alcanzar acuerdos justos mediante un diálogo libre.
No siendo creyente, también le interesó la relación entre fe y razón. En su famoso encuentro de Ratisbona con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), defendió el valor de la religión como fundamento del Estado democrático de derecho.
Habermas fue un filósofo de notable rigor intelectual, afable y claro en su escritura, lejos de las estridencias de algunos filósofos en boga. Nos deja un gran legado intelectual y el desafío de encontrar estándares éticos comunes en un mundo plural.