Logrando una sociedad más inclusiva: El aporte de las mujeres en la educación

Logrando una sociedad más inclusiva: El aporte de las mujeres en la educación

El derecho a la educación es uno de los más importantes que señala la UNESCO, además de ser la base de cualquier país desarrollado. En Chile, la ley Nº20.370 General de la Educación asegura a esta como un derecho garantizado y un bien para todas y todos. Es así que podemos concluir que para nuestra nación, la educación es algo transversal sin distinción social, cultural, ni de género, debiendo ser siempre inclusiva. Ahora bien, llegar a este escenario ha significado diferentes hechos y acontecimientos, por lo mismo, vale recordar que hace menos de 200 años, las mujeres no teníamos derecho alguno a la educación.

El 6 de febrero de 1877, el gobierno de Aníbal Pinto promulgó el “Decreto Amunátegui”, firmado por el aquel entonces ministro de Justicia, Miguel Luis Amunátegui, que permitía a las chilenas inscribirse en la universidad para optar a títulos profesionales. Tomó tres años para que, Eloísa Díaz, se matriculara en medicina en la universidad de Chile, transformándose en la primera médica de Latinoamérica. De eso van 141 años y muchas profesionales formadas en el país, muchas doctoras, profesoras, arquitectas, psicólogas o periodistas.

Ahora bien, en un principio, eran ciertas las carreras asociadas al género, solo algunas profesiones eran para mujeres; generalmente aquellas relacionadas con cosas propias de lo femenino. En un comienzo, eran labores que implicaban el cuidado del otro, la protección o la preocupación por alguien más; la enfermería, la obstetricia o, incluso las leyes, eran ejemplo de esto, todas formaciones marcadas por una fuerte tendencia vocacional. Así la lucha continuó en ganar más espacios donde nuestra voz fuese escuchada, respetada, pero por sobre todo, considerada.

En la actualidad, podemos encontrarnos con mujeres en prácticamente todas las carreras y profesiones que hay; más constructoras o ingenieras revelan esto. Nosotras, somos un aporte a una educación más inclusiva, más abierta de mente, con más miradas, con más posibilidades de aprender todo lo que el género pueda aportar, junto con esas características más empáticas que tendríamos por el hecho de ser mujer.

Si bien hemos avanzado mucho y actualmente prácticamente no hay espacios universitarias donde no haya presencia femenina, aún estamos en deuda en una inclusión real, donde no importe tu género al momento de desempeñar tu profesión y que no sea raro ver a una mujer tomando decisiones e incidiendo en cualquier posición laboral.

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