La lucha femenina en la ciencia

La lucha femenina en la ciencia

A lo largo de la historia, las mujeres hemos tenido que buscar nuestro espacio en un mundo donde la sociedad estaba convencida que nuestro papel era simplemente parir, criar, morir. Lo vemos en los libros: reinas en Egipto, mujeres que hicieron válido su derecho a votar y, actualmente, jóvenes mujeres que están cambiando el mundo gracias a su forma de pensar. Siempre ha sido de esta forma y, sí, debemos esforzarnos el doble, pero tenemos el consuelo de que cuando el resultado es aún mejor de lo que esperábamos: dios, qué bien se siente.

Ahora, en un mundo perfecto, nos gustaría que tanto hombres como mujeres tuviéramos las mismas oportunidades para poder surgir. Recuerdo cuando escuchaba a María Teresa Ruiz hablar sobre cómo en la universidad tenía que pelear por un puesto en el Telescopio para hacer sus observaciones porque era prácticamente la única mujer en su campo. Afortunadamente, en estos tiempos, para las jóvenes científicas y divulgadoras, lo tenemos un poco más fácil. Nuestros compañeros nos escuchan, nos hacen preguntas, nos reconocen y nos ven como líderes a la hora de tener que armar un equipo y, por otro lado, en el ámbito sentimental tenemos parejas que nos cuidan, respetan, y que saben que podríamos mover una montaña si eso es lo que quisiéramos hacer. Imagínense cómo hubiese sido todo si aquellas mujeres que murieron intentándolo hubieran tenido la misma libertad y capacidad de escoger que tenemos nosotras ahora. Quizás ese es el legado, quiero pensar que lo que ellas hicieron marcó un precedente para lo que estamos haciendo ahora. Muchas veces en la historia la gente que se inmoló por una causa es la que cambió todo.

Sin embargo, y como dije antes, lo tenemos un poco más fácil. Como si fuera poco, en el campo de las ciencias, no solo tenemos que seguir luchando por el reconocimiento de nuestras investigaciones, sino que debemos cuidarnos además de nuestros pares y su retrógrada forma de pensar que, lamentablemente, no ha cambiado. ¿Cuántas veces no ha salido fructuoso un proyecto de investigación porque tu jefe de carrera dijo que No sin ninguna explicación? ¿O un compañero en el laboratorio se pasó de listo mientras todos hacían sus experimentos?

Uno podría decir: ¡cómo pasa eso en estos tiempos! Pero sí, pasa. Continuamente y las únicas personas que saben es tu círculo cercano y eso, si tienes la valentía de contarlo porque, todavía tenemos impreso eso de que es nuestra culpa, que de alguna forma nosotras vestimos de una forma muy exagerada o que esa sonrisa dio otra impresión así que, dentro del miedo y del asco, tenemos miedo de contar, porque incluso nuestro género cae en esta suerte de recriminación en vez de apoyar.

Hace poco me llegó el caso de acoso por parte de un científico hacia otras mujeres y comencé a pensar en todas estas otras grandes mujeres de ciencia a las que yo aspiro a ser. ¿Habrá pasado Marie Curie por esto? Porque a pesar de toda la lucha que se ha peleado siento que en nuestro campo vamos al revés y que comentarios como: Dedícate a hacer ciencia cuando salgas de la carrera, serán tan normales como soportar a alguien que descaradamente te sigue coqueteando cuando tú prácticamente gritaste que tus intenciones no eran más que tener contactos dentro del mundo de la ciencia. ¿Es tener conexiones dentro del mundo en el que te relacionas algo malo o deberíamos ir con un cartel diciendo que no queremos tener sexo?

Sí, lo tenemos un poco más fácil pero aun así queda tanto por hacer, pero querer esforzarse, querer cambiar las cosas mientras sigues recibiendo fotos de un miembro es un poco difícil, agota y aburre tener que enfrentar esto mientras buscamos lo mismo que las que vinieron antes de nosotras:  nuestro espacio en la historia.

A pesar de todo, sabemos que no podemos rendirnos. Sabemos que tenemos que seguir investigando, que no debemos hacer la vista gorda ante lo que está pasando porque el Premio Nacional de Ciencias podría estar a la vuelta de la esquina y que lo merezco, lo merecemos y estando tranquilas: no rodeadas por hombres con el ego tan satisfecho que no necesitan comer, ni con tan pocos valores que parecieran no necesitar pedir perdón. A pesar de todo lo sabemos y seguimos buscando este espacio porque podemos tenerlo. Porque esta es una manifestación de que la verdad se sabe siempre, de que los culpables caen y que la lucha de las mujeres en la ciencia será más fructífera que nunca.

María Paz Yurisch
Divulgadora científica

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