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Reporte alerta que el mundo no avanza al ritmo necesario para cumplir las metas de descarbonización

Aunque las energías renovables continúan expandiéndose y la electrificación gana terreno en distintos sectores, el mundo aún está lejos de cumplir las metas necesarias para enfrentar la crisis climática. Así lo advierte el Fossil Detox Progress Report 2025 (Estado de avance sobre la salida de los Combustibles Fósiles), elaborado por la consultora internacional AFRY, que analiza el estado actual de la transición energética y los principales cuellos de botella para abandonar estas tecnologías contaminantes.

El informe revela que en 2024 las emisiones globales de gases de efecto invernadero alcanzaron cerca de 53 gigatoneladas de CO₂ equivalente, lo que representa un aumento aproximado de 1,5% respecto del año anterior. Esta tendencia confirma que las emisiones aún no han tocado techo y que el mundo se mantiene fuera de la trayectoria necesaria para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 °C.

Según AFRY, para alinearse con ese objetivo, las emisiones globales deberían reducirse en torno a un 42% al año 2030, una meta que hoy parece lejana si no se acelera de manera significativa la implementación de soluciones ya disponibles.

“La transición para dejar atrás los combustibles fósiles y los materiales de origen fósil ya no es una aspiración lejana; se está convirtiendo en una realidad tangible. A medida que el impulso crece en todos los sectores, el desafío ya no consiste en identificar soluciones, sino en acelerar la implementación, escalar las inversiones y garantizar que la transformación sea justa, resiliente y competitiva”, señala Linda Pålsson, CEO de AFRY.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la transición energética ya no depende únicamente de sumar nueva capacidad renovable. Si bien en 2024 se instalaron cerca de 585 GW a nivel global —principalmente en China, Europa y Estados Unidos—, AFRY advierte que las redes eléctricas, el almacenamiento y la flexibilidad del sistema se han convertido en los principales cuellos de botella. En Europa, por ejemplo, será necesario invertir del orden de €2 billones en redes hacia 2050 para sostener la electrificación del transporte, la industria y los edificios, lo que da cuenta de la magnitud del desafío.

El reporte también identifica importantes rezagos en sectores intensivos en energía fósil, como la industria y el transporte. Aunque la eficiencia energética ha retomado protagonismo, la electrificación del calor industrial, la renovación de edificios y la descarbonización del transporte pesado avanzan a un ritmo insuficiente. En este contexto, el análisis de AFRY arroja que no existe una solución única: será clave combinar electrificación, combustibles sostenibles, hidrógeno, almacenamiento energético y tecnologías de abatimiento y remoción de carbono.

América Latina y Chile: alto potencial, pero con brechas críticas

AFRY identifica a la región como una de las zonas con mayor potencial para energías renovables, pero también con desafíos estructurales relevantes, como déficits de infraestructura, limitaciones de financiamiento y marcos regulatorios inestables.

En Sudamérica, Brasil es destacado por contar con una matriz energética que ya supera el 45% de participación renovable, aunque enfrenta desafíos persistentes en uso de suelo y deforestación.
Con respecto al caso de Chile, el país comparte los principales desafíos de la región. Su liderazgo en energías renovables y las ambiciones en hidrógeno verde deberán ir acompañadas de una expansión acelerada de la transmisión eléctrica, mayor capacidad de almacenamiento, claridad regulatoria y acceso a financiamiento climático internacional, factores clave para transformar las metas climáticas en proyectos concretos.

Al respecto, el Commercial Manager Southern Cone de AFRY, Ángel Arancibia, señaló: “Chile y la región tienen condiciones únicas para liderar la transición energética, pero el verdadero reto está en la infraestructura que conecte la generación renovable con la demanda. Acelerar inversiones en redes, almacenamiento y regulación requiere colaboración público-privada para transformar metas en resultados concretos y sostenibles”.

A través del Fossil Detox Progress Report 2025 se puede concluir que la transición energética ya no está limitada por la falta de tecnología, sino por la velocidad de implementación, la coordinación entre políticas públicas y privadas, y la capacidad de movilizar inversión a gran escala. En este escenario, se plantea la necesidad de avanzar hacia estrategias integrales que conecten energía, industria, infraestructura y financiamiento para lograr una descarbonización efectiva y sostenible.

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