De acuerdo con un estudio publicado en Frontiers in Public Health, el 77% de los adultos mayores usuarios de plataformas digitales muestra signos de adicción moderada o severa al celular. La investigación identificó cuatro factores algorítmicos clave detrás de esta dependencia: ofertas limitadas, likes y comentarios, recompensas por tareas y recomendaciones personalizadas.
El aumento de la conectividad en la tercera edad ha sido drástico. Cifras de AARP revelan que la posesión de smartphones entre personas mayores de 50 años pasó del 55% en 2016 al 90% en 2025. En Latinoamérica el fenómeno es similar: en Brasil, el uso de redes sociales en mayores de 60 años saltó del 44,8% en 2019 al 69,4% en 2024.
Para muchos jubilados o personas con movilidad reducida, internet representa una vía esencial para combatir el aislamiento. Una investigación publicada en European Journal of Ageing señala que el uso de redes sociales reduce la soledad al incrementar la percepción de apoyo social.
Uso activo versus uso pasivo: la clave está en el hábito
Los expertos enfatizan que acumular horas frente a la pantalla no equivale automáticamente a sufrir una adicción. La clave radica en la forma en que se interactúa con la tecnología, existiendo una diferencia marcada entre el uso activo y el consumo pasivo o compulsivo.
Finalmente, condiciones socioculturales propias de esta etapa de la vida actúan como catalizadores de esta problemática. Circunstancias como la jubilación, el distanciamiento de la familia, la pérdida de vínculos cotidianos y la soledad hacen que el entorno digital se vuelva extremadamente atractivo, dejando a los adultos mayores vulnerables al desplazamiento compulsivo en sus dispositivos.
