El poliéster es una fibra plástica derivada del PET, el mismo material de las botellas plásticas, su éxito radica en que es barato, resistente y no se arruga. El impacto negativo es que puede tardar más de 300 años en degradarse, liberando gases de efecto invernadero.
El poliéster y su dominio en el mercado
En concreto, se fabrica a partir de polietileno tereftalato (PET) y para transformarlo en ropa este plástico se derrite para luego transformarlo en hilos tan versátiles que son capaces de imitar cualquier textura, desde la suavidad de la seda y el calor de la lana.
El poliéster es la fibra más producida del planeta debido a sus propiedades comerciales: bajo costo, altamente resistente, no se arruga con facilidad y repele el agua y las manchas.
El mito del algodón: Las fibras naturales también contaminan
El algodón convencional suele presentarse como la alternativa ecológica, sin embargo también deja una huella ecológica. Esta fibra requiere cantidades masivas de agua y pesticidas para su producción. De hecho, para fabricar un solo par de jeans se necesita entre 3.000 y 10.000 litros de agua, el equivalente a lo que bebe una persona en una década.
Por otro lado, las prendas de algodón orgánico o lino son considerablemente más costosas. Entonces, una polera de algodón que se usa un par de veces y se desecha contamina más que una prenda de poliéster de buena calidad que se utiliza durante años.
La comunidad científica y los diseñadores textiles coinciden en un veredicto: la prenda más sostenible es la que ya está fabricada y guardada en tu closet. Una polera de algodón orgánico que se usa tres veces y se bota, tiene un impacto ecológico mucho más grande que una chaqueta de poliéster que se cuida durante años.
La verdadera revolución ecológica en la moda no consiste en cambiar de tejido, sino en transformar los hábitos, como: comprar menos, elegir prendas de mejor calidad, reparar lo que se rompe y reutilizar la ropa de segunda mano.
