Una investigación liderada por Reesha Patel (Universidad Northwestern) y Kay Tye (Instituto Salk), publicada en Nature Neuroscience, identificó por primera vez un mecanismo neuronal específico que se hiperactiva con el aislamiento social e impulsa un mayor consumo de alcohol, con variaciones marcadas según el sexo.
El estudio analizó el comportamiento de ratones expuestos a aislamiento individual durante 11 días. Los resultados mostraron que los machos aislados incrementaron progresivamente su ingesta de alcohol, alcanzando su punto máximo tras una semana. En contraste, las hembras bajo las mismas condiciones redujeron su consumo.
Investigadores identificaron que la comunicación entre la amígdala basolateral (encargada de las emociones y el estrés) y la corteza prefrontal medial (responsable del autocontrol) funciona como el circuito clave que vincula la soledad con un mayor consumo de alcohol. Al aislar a los sujetos, esta vía neuronal se hiperactiva y altera la toma de decisiones respecto a las sustancias.
Pérdida del placer cotidiano y jerarquía social
El aislamiento provocó otro cambio significativo: la corteza prefrontal de los machos redujo su respuesta a estímulos placenteros naturales, como el agua azucarada. La soledad no solo volvió más atractivo el alcohol, sino que apagó la capacidad del cerebro para disfrutar de recompensas simples, posicionando a la sustancia como una vía de escape prioritaria.
Además, la posición dentro del grupo influyó en la conducta: los ratones subordinados mostraron un consumo más alto que los dominantes, tanto antes como durante el aislamiento, lo que sugiere que el estrés social previo predispone al abuso de sustancias.
En conclusión, este hallazgo ofrece un objetivo biológico claro para comprender los trastornos por consumo de alcohol derivados del aislamiento social y abre la puerta al desarrollo de futuros tratamientos terapéuticos focalizados.
