La seguidilla de eventos telúricos, ha generado que la comunidad científica descarte categóricamente que nuestro planeta esté viviendo una etapa de mayor actividad geológica a escala global. Así lo ha aclarado la Dra. María Berito Oterino, catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y doctora en Ciencias Físicas, en una publicación reciente para la plataforma académica The Conversation.
De acuerdo con la especialista, no existe ninguna evidencia empírica que sostenga la hipótesis de un incremento en la actividad tectónica global. Aunque resulta llamativo que varios grandes terremotos coincidan en un periodo de pocas semanas, la proximidad en el calendario no implica que estén físicamente conectados.
Los sismos recientes y la ley de la probabilidad
A escala planetaria, las placas tectónicas y las fallas geológicas responden a contextos independientes y no están sincronizadas entre sí. Por esta razón, es habitual que coexistan periodos con una alta concentración de eventos y otros de relativa tranquilidad, sin que la tasa global de sismicidad haya cambiado.
En promedio, en la Tierra ocurren alrededor de 16 terremotos de magnitud 7 o superior cada año. Sin embargo, la gran mayoría de estos sismos tienen su epicentro en zonas oceánicas profundas o en regiones no habitadas, por lo que pasan desapercibidos para la opinión pública.
La sensación actual de estar presenciando una «temporada de terremotos» responde principalmente a un factor de percepción: los sismos recientes impactaron directamente en zonas pobladas y generaron daños considerables, captando una gran atención mediática. Los expertos concluyen que el planeta continuará liberando energía de forma habitual, pero descartan cualquier anomalía o alteración en la dinámica tectónica global.
