El café matutino es el mejor aliado contra las bajas temperaturas. Al tomarlo, se experimenta una inyección de energía y una sensación de confort casi inmediata. No obstante, este efecto es engañoso.
De acuerdo con Javier Zavala, nutriólogo de RedSalud, la cafeína activa el sistema nervioso y aumenta la percepción de energía, pero no eleva de manera relevante la temperatura corporal ni protege al organismo del clima invernal. El calor inicial proviene casi exclusivamente de la temperatura física de la taza, un beneficio que se disipa rápidamente.
El peligro de las bebidas hirviendo: El efecto rebote
Un error común durante el invierno es consumir el café o el té a temperaturas extremadamente altas. Esto activa un mecanismo de defensa en nuestro organismo que produce el efecto contrario al deseado.
«Cuando ingerimos una bebida a temperatura muy elevada, el organismo detecta el aumento de temperatura interna y activa sus mecanismos de disipación, lo que se llama ‘vasodilatación periférica’», explica el especialista.
Al dilatarse los vasos sanguíneos, aumenta la sudoración y la sangre se desplaza hacia la superficie de la piel. En un ambiente helado, ese sudor se enfría con rapidez, provocando que sientas mucho más frío apenas unos minutos después de terminar tu bebida.
¿Por qué el té (y ciertas infusiones) son mejores para el invierno?
Si el objetivo es mantener el calor interno a largo plazo, la clave está en la hidratación. Un cuerpo deshidratado pierde calor con mayor facilidad. En este escenario, el café no es la mejor opción para reponer líquidos, abriendo paso a las bondades del té.
Sin embargo, no todos los tés actúan igual. Variedades como el té negro, verde, blanco y oolong contienen cafeína, lo que estimula el sistema nervioso. Por ello, la recomendación experta es inclinar la balanza hacia las infusiones de hierba, tales como: manzanilla, menta o melisa.
