El debate sobre cómo enfrentar el alarmante déficit habitacional suele concentrarse, casi exclusivamente, en medidas coyunturales e instrumentos financieros. Si bien la asignación de recursos, los cambios en las tasas y el acceso al crédito pueden contribuir a reactivar el sector, la magnitud del problema exige mirar más allá de la contingencia.
Chile necesita consolidar una política habitacional con permanencia y estabilidad en el tiempo. Para responder con la rapidez, continuidad y escala que demanda la urgencia de miles de familias, no basta con resolver dificultades inmediatas: se requiere una estrategia de Estado que incorpore la innovación como uno de sus pilares.
Esto supone generar incentivos concretos para la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico aplicados a la construcción. Herramientas de fomento a la I+D, financiamiento para pilotear nuevas tecnologías y estímulos al desarrollo de métodos constructivos, materiales sostenibles y procesos más eficientes pueden marcar una diferencia significativa.
Impulsar la investigación científica y técnica no solo permite desarrollar soluciones adaptadas a nuestra realidad y capaces de implementarse a mayor escala. También contribuye a mejorar de manera permanente la calidad, seguridad y sostenibilidad de las viviendas.
Pero este esfuerzo necesita certezas. Un marco normativo e institucional estable debe ir acompañado de una alianza permanente entre el Estado, la academia y el sector privado, capaz de transformar conocimiento e innovación en soluciones concretas.
Seguir enfrentando un problema estructural con respuestas esporádicas y desarticuladas solo prolongará la brecha habitacional. Reactivar la construcción es urgente, pero hacerlo con una mirada de largo plazo es indispensable. La innovación no puede ser un complemento de la política habitacional: debe formar parte de sus cimientos.
