Hace unos días pude leer una noticia que relataba la vida de una pequeña comunidad, en donde los vecinos dejaban regalos en las puertas de los otros. Convengamos que esta realidad puede resultarnos muy extraña en las formas en las que hoy en día habitamos la ciudad o nos vinculamos con otros, como por ejemplo, nuestros propios vecinos.
En grandes ciudades como Santiago, que cuenta con grandes edificios de cientos de departamentos, pareciera un imposible poder generar alguna cercanía con quienes conviven en nuestro mismo piso o edificio. A esto se suma que estamos invadidos de noticias en torno a la inseguridad, el delito, la estafa, lo que hace que estemos cada vez más separados del resto, o miremos con sospecha incluso un acercamiento amigable de un vecino. Además, vivimos exigidos por múltiples demandas estudiantiles, familiares, laborales o económicas. Esta realidad genera cansancio; genera también mucho ruido.
La noticia en cuestión, con la cual inicié esta reflexión, nos invita a estar para los otros y sentirnos parte de algo más que uno mismo. Esta convivencia, que puede resultarnos lejana, podríamos también considerarla como una forma de cuidados, como una forma de existir para los otros de manera recíproca.
Haciendo esta columna, también pienso en la soledad. Las múltiples formas de soledad que experimentan las personas, en ocasiones, no están solas: las rodean su familia, los hijos, los compañeros de trabajo, los padres, los abuelos, pero aun así se sienten solas, poco escuchadas, poco atendidas. También pareciera que las tecnologías nos hacen estar más lejos que cerca de nuestros seres queridos y de los demás. Todos con celulares, sentados en un living sin que nadie converse con nadie, es una escena cada vez más común en las familias chilenas hoy.
Por eso, aun y cuando parezca una idea y no una posibilidad concreta, como sociedad debemos buscar mejores maneras de convivir, mejores maneras de compartir, mejores maneras de cuidarnos colectivamente en las familias y también con quienes nos rodean. Si pensamos en un futuro con bienestar para Chile, no podemos, en ningún caso, desconocer la importancia de ser y hacer comunidad.
