A diferencia de otros presidentes norteamericanos, cuyo modelo ético salía de la literatura, Donald Trump parece creer que cada acto suyo es una escena de una película de superhéroes y que está emulando las decisiones morales de esas figuras señeras con poderes.
No es una burla, sino la triste constatación de las enormes similitudes entre el ocupante de la Casa Blanca (que actúa abiertamente como un monarca imperial) y los debates decisionales del Capitán América, Iron Man e incluso el villano Thanos.
Los héroes (y villanos) de Marvel, igual que Trump:
- Actúan sin respetar fronteras: sus necesidades están por encima del conjunto, de los Estados, de las regulaciones e incluso de la población. Es común que los superhéroes actúen sin importar la geografía, los tratados o el derecho internacional, y tampoco las consecuencias de sus actos en esas dimensiones. Todo, por supuesto, revestido de las mejores intenciones.
- No aceptan control civil: se niegan a ser supervisados pues suscriben la noción de que tienen un código moral superior o se encuentran revestidos de una autoridad intocable. Iron Man se burla de la fiscalización del Congreso y el Capitán América desata una guerra civil al negarse a estar sometido a la supervisión de las Naciones Unidas: dos ejemplos preclaros.
- Necesitan de la admiración: y la obtienen por el despliegue de sus poderes, no por la evaluación de sus resultados, los costos involucrados, las consecuencias sobre la población o la planificación.
- Creen tener una voluntad superior: voluntad que les permite tomar las decisiones difíciles que aparentemente nadie más se atreve a tomar. Cuando Thanos insiste en que la solución para mejorar el bienestar del universo es aniquilar a la mitad de sus habitantes, lo hace con el convencimiento de que es el único que tiene la voluntad para una elección de esa magnitud.
- Valoran sólo los resultados: lo que en otras palabras implica que, para ellos, el fin justifica los medios.
- Creen que la política y las autoridades civiles son ineficientes, inoperantes y burocráticas: tienen continuas alusiones a “los políticos” y a los funcionarios en general como seres, además de inefectivos, corruptos.
- Son expertos en todo: los superhéroes siempre tienen la razón y son genios incomprendidos y fuera del sistema. La vida común es una fachada, a ratos molesta para ellos.
- Pasan por encima de la privacidad o los derechos de las personas “comunes”: Spider Man puede asomarse a las ventanas, espiar por encima de los techos, y Iron Man puede usar su poder informático para saber todo de todos.
Es preocupante que estos elementos éticos, extraídos de la moral infantil de los cómics, sean los que guían el actuar del gobernante más poderoso del mundo occidental. Están en sus dichos, en su autopercepción magnificente y también en sus estrategias de Defensa y de Relaciones Exteriores, todo lo cual se traduce en la expresión de Thanos: “Soy inevitable”.
