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Fondo E: la apuesta que pagarán los jubilados

El Fondo E se nos presentó como el refugio de quienes están por jubilar: con altísima proporción de bonos, poca emoción, cero sobresaltos; baja rentabilidad, pero segura. Por eso indigna que este año haya caído más de 10%, unos US$2.000 millones de ahorros menos.

¿Qué pasó? Con peras y manzanas: las AFP firmaron contratos swap (los llamados instrumentos derivados) con contrapartes financieras. Ahí no se compra ni se traspasa ninguna deuda. Solo se intercambian intereses y se paga la diferencia. La contraparte le paga a la AFP una tasa fija y la AFP le paga una tasa variable de corto plazo en dólares. Si las tasas en EE.UU. bajan, la AFP gana. Si suben, pierde. En 2025 la jugada funcionó. En 2026 las tasas subieron y la “apuesta” se dio vuelta por los conflictos geopolíticos.

Lo grave es que los swaps alargaron artificialmente el plazo, la “duración”, de la cartera que debía ser la más segura. Así la volvieron mucho más sensible a las tasas. Eso no es protección: es especulación.

Hubo advertencias. El Banco Central las publicó y la Superintendencia se reunió una y otra vez con las administradoras. Aun así, los límites a los derivados recién rigen desde noviembre. La regulación llegó tarde.

Pero falló algo más básico. La ley exige a las AFP un deber fiduciario: administrar el dinero como si fuera del mutuo propio. ¿Apostarían igual si la pérdida saliera de su bolsillo? La comisión mensual que pagan los trabajadores se cobra gane o pierda el fondo, y el riesgo queda entero en el afiliado. A eso se suma el efecto manada. Nadie quiere quedar bajo la rentabilidad mínima, porque la diferencia la pone la administradora. Entonces todas copian la misma apuesta, y el riesgo sube para todo el sistema de AFPs

Nos dicen que el fondo E se recuperará cuando bajen las tasas internacionales. Quizás. Pero con el conflicto con Irán presionando el petróleo y la inflación global, nadie lo garantiza. Y quien se jubila no puede esperar: el retiro se pacta con meses de anticipación, el cargo se cierra y el reemplazo ya está contratado. Incluso el Fondo D, donde está la mayoría de los próximos a pensionarse, retrocede. Hablamos de pensiones entre 5% y 10% más bajas.

La pregunta no es técnica, es ciudadana: ¿quién responde cuando otros hacen la apuesta y nosotros pagamos la pérdida?

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