La crisis venezolana y la caída de Nicolás Maduro es un escenario que trae a colación, nuevamente, al antiguo debate en torno a si las ideologías son una manifestación espontánea de los movimientos sociales y corrientes de pensamiento, o una construcción artificial de grupos determinados en base a sus intereses, legitimados por el poder.
Y, junto a ese debate, corre paralela, a lo largo la de la historia, la disputa en torno al rol de la comunicación en el surgimiento, transmisión, reproducción y desarrollo de las ideologías en tanto sistemas de creencias.
Así, entonces, el chavismo, el comunismo cubano, el wokismo e incluso el anarco capitalismo trumpista o el libertarismo mileista: ¿son fenómenos ideológicos libres e indeliberados o construcciones comunicacionales? ¿Nacen de lo que los pueblos quieren o son manipulaciones mediáticas?
Existen dos grandes corrientes sobre la comunicación ideológica: la Teoría de la Propaganda Intencional, que sostiene que los discursos ideológicos se diseñan deliberadamente para persuadir y manipular; y la Teoría de la Reproducción Espontánea, que plantea que la comunicación ideológica también puede surgir de manera involuntaria, a través de discursos cotidianos que refuerzan ideologías sin un plan consciente, una postura recogida por Michel Foucault cuando se refiere al surgimiento de prácticas y pensamientos a través de microfísicas del poder.
El caso venezolano es, probablemente, una muestra de laboratorio que responde la pregunta: nace de un movimiento militar, por tanto, esencialmente cerrado. Por más que su origen haya buscado representar un sentimiento nacional o (incluso) mayoritario, nace de una elite que sostiene un credo. La constitución de ese credo en ideología nacional se hace luego a través de un sistema mediático y una estrategia comunicacional:
- Mensaje: eslogan, ideas fuerza, misión del movimiento y de la refundación nacional.
- Medios de comunicación: control sobre los canales de información, inundando con un mensaje único y monolítico.
- Narrativa en torno a un enemigo: la construcción ideológica, en tanto sistema dogmático, necesita la presencia (real o imaginaria) de otro opositor con una historia (real o imaginaria) de abuso de poder o amenaza vital.
- Control de las evidencias: generación de un sistema que haga imposible, para quienes tengan capacidad de cuestionamiento, encontrar registros y evidencias que contradigan el mensaje central y, al mismo tiempo, que generen evidencias (al menos verosímiles) a favor de este. Generalmente ese control se desarrolla a través de los medios de comunicación, como fuente primaria.
- Estructura comunicacional de legitimación: a través de elecciones (manipuladas o amenazadas) o del control de órganos legitimadores (como el Congreso, las FFAA o el Poder Judicial).
Estos elementos son comunes a cualquier construcción ideológica, incluyendo aquellas que ya son dominantes (como la que sostiene el trumpismo en EEUU), pero sin duda quedan de manifiesto en el régimen venezolano que, pese a la caída de Maduro, no se ha desarticulado.
